
El protagonista de esta espeluznante historia es artista Bruno Amadio nacido en Venecia entre 1890 y 1900. Poco se conoce sobre este pintor de cuadros, y los pocos datos que se conocen en ocasiones se contradicen. Vivió formándose en la pintura como un clásico, aunque su obra sería considerada como mediocre. Luchó en el frente como fascista partidario de Mussollini y esta experiencia lo traumatizó ante el sufrimiento de las víctimas y de los niños que quedaron huérfanos e indefensos en la ciudad en ruinas.

En 1945 Bruno Amadio se traslada a España y se instala en Sevilla, donde permanece durante años para posteriormente trasladarse a Madrid. A partir de este momento Bruno Amadio no ha dejado pista alguna. Nada más se ha sabido de él, aunque hay quien afirma que en la década de los setenta de traslada a Padua, Italia, y que su fallecimiento se produce en 1981.
Como consecuencia del impacto que le causaron las imágenes de la guerra, Bruno Amadio realiza una serie 27 cuadros que representan a niños llorando, y que serían conocidos con el nombre de “Los Niños Llorones”.
El modelo que posó para su primer cuadro de la serie era un niño internado en un orfanato, y Bragolin supo captar y reflejar todo el dolor y la tristeza que emanaban de él, impúber abandonado sin familia que lo amparara. El cuadro impresionaba y obtuvo todo el éxito que el autor ansiaba. Se hicieron de él múltiples reproducciones que se distribuyeron mayoritariamente por España, aunque también por diversos puntos del mundo
Todos estos cuadros tuvieron una gran acogida y se hicieron muy famosos en todo el mundo. La mayoría de los hogares contaban con una réplica de alguno de ellos, tal era la ternura y tristeza que transmitían los niños retratados en ellos. Poco se sabía entonces de que un día serían conocidos y denominados como “cuadros malditos”.
Esta denominación sería lanzada como noticia en la década de los ochentas por el periódico británico The Sun, según el cual, existía una gran cantidad de testimonios hechos por los bomberos aseguraban que en la mayoría de las casas a las que acudían por haberse provocado un incendio contaban con uno de estos cuadros, que por causas que desconocían siempre quedaban intactos.
La noticia causó un gran impacto, dado que eran muchos los hogares que lucían alguna de de estas representaciones. Todo esto causó cierto terror colectivo, y la mayoría de sus propietarios optaron por deshacerse de ellos quemándolos, única y supuesta manera de acabar con la maldición, que según se decía, estaba encerrada en el niño.
La Leyenda de los Cuadros Malditos
Dos versiones planean sobre la creación de “Los Niños Llorones”. Una de ellas apunta a que los cuadros fueron realizados una vez que el pintor se trasladó a Sevilla, tomando como modelos a niños de casas de orfandad.
La otra, y según investigaciones realizadas por expertos de Mundo Parasicológico , a través de revelaciones en secciones de Ouija, cuenta que los lienzos se hicieron en 1919, en plena guerra mundial, cuyos modelos eran niños de orfanatos que habían perdido a sus padres y familiares durante la guerra.
Pero las dos hipótesis coinciden en cuándo las realizó, Amadio pasaba desapercibido, y vivía permanentemente frustrado porque su trabajo no era reconocido por la sociedad. Desesperado, y siempre según la leyenda, llegó a hacer un pacto con el diablo a cambio de que su obra fuera reconocida en el mundo. Como consecuencia, los lugares en los que se encontraran alguno de estos cuadros serían pacto de males y desgracias, víctima de incendios que arrasaban con todo menos con el cuadro, que siempre quedaría intacto. Esta maldición la llevarían consigo tanto los cuadros como sus reproducciones.

Y eso no es todo, al parecer las pinturas que hizo Amadio de estos niños, tienen escondido entre sus pinceladas a un demonio que devora al niño, (tal vez por eso lloraban). Se cuenta que si se gira el cuadro 90º se puede ver en algunos de ellos. En la siguiente imagen podemos ver lo oculto: “Mostro Anfibio”, “Mostro Gorila”, “Mostro”.
